Archivo de la categoría: Opinión

La diversidad cultural

Hace unos dos o tres años, investigando sobre lenguas minoritarias desde diferentes aspectos, leí acerca del trabajo de Terralingua, una ONG que busca proteger dichas lenguas y a sus usuarios. A través de su página web tuve acceso al índice de diversidad biocultural, el cual muestra que los países con mayor diversidad biológica tienen también la mayor diversidad lingüística. El índice ha sido actualizado, los trabajos en diversidad biocultural han seguido avanzando, pero la relación no ha variado: la mayor diversidad biológica coincide con mayor diversidad lingüística.  Asombroso, ¿no es cierto? Una afirmación más de que la diversidad ha sido siempre parte del plan de Dios. Sigue leyendo

Cómo desarrollar el hábito de la lectura

Se ha comprobado que la característica principal de un escritor es su hábito de lectura. Las personas que leen poco difícilmente llegan a ser escritores.

Según una encuesta que realicé en el 2007, un 38% de los universitarios leen de 1 a 5 libros por año; un 53% leen de 6 a 20 libros por año, y un 9% leen más de 21 libros por año. ¿En cuál grupo estás tú? ¿En cuál grupo estoy yo? Según la misma encuesta, un 12% leen 15 minutos diarios, 40% leen de 30-45 minutos diarios, 39% leen 1-2 horas diarias, y un 9% leen más de 3 horas diarias. Y una estadística más: Un 86% leen para aprender, 49% leen para estudiar, y 30% leen por placer. Al preguntar a los universitarios si les agrada la lectura, 26% dijeron “poco” o “regular”, 33% dijeron “bastante” y 41% dijeron “mucho.” ¿En cuál grupo estás?

CÓMO DESARROLLAR EL HÁBITO DE LA LECTURA

Creer que la lectura es una actividad agradable, placentera, y no una tarea pesada y aburrida. Muchos asocian la lectura con castigo y la evitan, sin darse cuenta de todo lo que pierden. Un libro puede llevar al lector a horizontes nuevos y aprendizajes muy satisfactorios.

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¡Huyamos, que se cae el cielo!

por Alejandro Pimentel

Alejandro Pimentel

Alejandro Pimentel

A propósito de esta expresión, que proviene del inglés The sky is falling!, he querido compartir algunas digresiones en torno al provecho que podemos ganar de la lectura en otros idiomas o de la lectura proveniente de las traducciones al castellano. He recibido con gran alegría la invitación de mi gran amigo Ian, porque me permite tomar un breve descanso de mis labores de editor y aplicarme una profilaxis mental contra el rigor de la literatura académica.

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Desarrollar una voz propia

Por Maureen Herrera Brenes

Hay una caricatura de Quino en que un grupo de señores, con apariencia de importantes, observan el cuadro de un artista. Luego de ver la obra se despiden encantados y le manifiestan sus elogios: “¡Lo felicito, tiene usted la magia de Chagall!”, “¡La poesía de Renoir!”, “¡El vigor de Van Gogh!”, “¡La libertad de Picasso!”, “¡La fineza de Modigliani!”. Al final, todos se van encantados, pero el artista queda triste y encorvado, pensando para sí: “¡Yo quería ser yo!»

Desde que empecé en estos caminos de la creación literaria y periodística, me he enfrentado al desafío de construir una voz propia. Me parece que es uno de los retos más significativos de cualquier escritor. Los grandes temas son los mismos, pero el punto de vista de quien escribe, único y particular, es el que le da identidad específica a cada autor y sus textos.

En mi opinión, para desarrollar una voz propia requerimos, entre otros aspectos, de un profundo conocimiento de nosotros mismos, un agudo sentido de observación  y valentía. Veamos cada uno un poco más en detalle.

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Los delirios de Saramago

Caín por José Saramago: ENTRE LA LUCIDEZ Y LA CEGUERA

Por Patricia Adrianzén de Vergara

“Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos, sus porqués. Algunas, solemnes, nos interpretan con aire pomposo, dándose importancia, como si estuviesen destinadas a grandes cosas y, ya se verá más tarde, no son más que una brisa leve que no conseguirá mover un aspa de molino, otras, de las más comunes, de las habituales, de las de todos los días, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atreverá a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron el mundo”.

Como bien describe en este párrafo extraído de su última novela, José Saramago postula que las palabras tienen un gran poder. Como escritora, no solamente creo en la belleza de las palabras sino  en el poder que éstas tienen para comunicar y producir impresiones profundas en el ser humano. Saramago va más allá y afirma que las palabras pueden “sacudir el mundo”. Quien escribe es consciente que su propuesta evocará una respuesta en el lector. José Saramago una de las mentes más brillantes de nuestros tiempos, a sus 86 años hace entrega de una nueva novela  con una clara intención anti religiosa. Casi veinte años después de su “Evangelio según Jesucristo”, el premio Nobel de literatura, confiesa haber escrito “Caín” en casi cuatro meses porque: “Estaba en una especie de trance. Nunca me había sucedido por lo menos con esta intensidad con esta fuerza”.

Sin que pongamos en duda su genio creativo, su tremenda habilidad para escribir, su lucidez para filosofar en los problemas humanos, volvemos a admirarnos al mismo tiempo de su ceguera espiritual. No es el primer intelectual que se declara abiertamente ateo y no es la primera vez que Saramago comunica su convicción personal de que “Dios no es una persona de fiar”. Esta es la primera gran contradicción, ya que si se confiesa ateo, por qué su obsesión por pelear con un dios al que finalmente desconoce. Sigue leyendo

La magia de la sencillez, por Maureen Herrera Brenes

BertaDesnuda1Como periodista, una de las tareas más desafiantes que debo enfrentar es la escritura de un guión para un anuncio radiofónico. Es todo un arte transmitir una idea en 30 segundos. De la misma forma me parece que uno de los retos más grandes de un escritor es lograr textos limpios, donde cada palabra ocupe un lugar preciso y ninguna esté de más. Supongo que coincidirán conmigo en que la sencillez es un arte que requiere mucho trabajo.

Las obras que acompañan este texto son de dos artistas costarricenses; el dibujo es de Juan Manuel Sánchez (ya fallecido) y la escultura, de José Sancho. Los admiro a ambos porque son capaces de transmitir ideas y emociones con unas pocas líneas y formas. Cuando me enfrento a obras plásticas como estas con frecuencia pienso la misma pregunta: ¿cómo serían sus textos si fueran escritores?

¡Qué fácil es sobrecargar un texto de palabras, y que difícil es podar hasta llegar a la idea esencial!  Marcelo Di Marco dice en su libro Taller de corte & corrección, que uno de los peligros más grandes que enfrenta la gente que escribe es enamorarse de sus textos y resistirse a podarlos. En un apartado de su libro que titula La santa tijera dice lo siguiente: “El corte es un actividad esencial en el arte de corregir, y tal vez la más dolorosa. Decididamente amamos nuestros textos, nos dejamos encandilar por sus brillos y encantar por su música. Sobre todo cuando realmente están bien escritos. Pero, a la hora de corregir, hay que desconfiar. Como primera medida hay que desconfiar (siempre, siempre, siempre) de nuestros cuentos y poemas “inspirados”; consecuentemente, debemos volver a ellos una y otra vez, en frío y tijera en mano”.

Haciendo recuento de la forma en que enfrento el tema, llegué a tres consejos sencillos que han sido útiles para mí, y quise compartirlos con ustedes: Sigue leyendo

¿Cuál es tu inspiración?

¿Cuál es tu inspiración?
¿Cuál es tu inspiración? Me preguntaron una vez. Pero no supe responder por algo que sea conocido por el mundo y he aquí nuestra gran diferencia. Pues aunque parezca insensible, no me inspira el olor de una flor, aunque su aroma ciertamente haga volar mi imaginación.
No me inspira una película dramática, aunque llore todo el día recordándola. No me inspira el romance más sonado de la historia humana, no me inspiran las aves, no me inspiran los niños, no me inspiran los bosques, los arcoiris, ni los oasis. No me inspiran los sueños más locos, ni las noches claras de luna… Entonces ¿Qué me inspira?
¿Qué debe inspirar al escritor considerado cristiano? ¿Tomará su inspiración de la misma fuente que los escritores más renombrados, pero sin Cristo conmoviéndoles el alma? ¿Cuál es nuestra riqueza, cuál nuestra diferencia, cuál nuestro valor?
Si hemos de escribir sobre la vida ¿Qué vida tomaremos de ejemplo?, si sobre la muerte ¿Cuál fue la muerte más impactante?, si del amor ¿Quién brindó el amor más grande y genuino?, Si de sacrificios, si de planes, si del futuro, ¿Qué referencia tendríamos?
Un escritor que se dice ser cristiano tiene un don privilegiado, un poder en sus manos, un nombre que exaltar y una obra de amor para mostrar, mediante el arte de la escritura. Así como el cantante puede anunciar las maravillas, con la voz de la que fue dotado, un escritor puede enseñar el Camino mediante el don de la palabra escrita.
Quizás sea ciego y no vea los paisajes más espléndidos; o a lo mejor sea sordo y no escuche el cantar de las aves al amanecer, o posiblemente sea mudo y no pueda cantar melodías angelicales, pero basta que tenga un corazón entregado a Dios, para ser su mejor representante, pues para ser el mejor escritor cristiano, solo será necesario escribir, desde lo profundo de su corazón… donde habita Cristo, su real inspiración.

¿Cuál es tu inspiración? Me preguntaron una vez. Pero no supe responder por algo que sea conocido por el mundo y he aquí nuestra gran diferencia. Pues aunque parezca insensible, no me inspira el olor de una flor, aunque su aroma ciertamente haga volar mi imaginación.

No me inspira una película dramática, aunque llore todo el día recordándola. No me inspira el romance más sonado de la historia humana, no me inspiran las aves, no me inspiran los niños, no me inspiran los bosques, los arcoiris, ni los oasis. No me inspiran los sueños más locos, ni las noches claras de luna… Entonces ¿Qué me inspira?

¿Qué debe inspirar al escritor considerado cristiano? ¿Tomará su inspiración de la misma fuente que los escritores más renombrados, pero sin Cristo conmoviéndoles el alma? ¿Cuál es nuestra riqueza, cuál nuestra diferencia, cuál nuestro valor?

Si hemos de escribir sobre la vida ¿Qué vida tomaremos de ejemplo?, si sobre la muerte ¿Cuál fue la muerte más impactante?, si del amor ¿Quién brindó el amor más grande y genuino?, Si de sacrificios, si de planes, si del futuro, ¿Qué referencia tendríamos?

Un escritor que se dice ser cristiano tiene un don privilegiado, un poder en sus manos, un nombre que exaltar y una obra de amor para mostrar, mediante el arte de la escritura. Así como el cantante puede anunciar las maravillas, con la voz de la que fue dotado, un escritor puede enseñar el Camino mediante el don de la palabra escrita.

Quizás sea ciego y no vea los paisajes más espléndidos; o a lo mejor sea sordo y no escuche el cantar de las aves al amanecer, o posiblemente sea mudo y no pueda cantar melodías angelicales, pero basta que tenga un corazón entregado a Dios, para ser su mejor representante, pues para ser el mejor escritor cristiano, solo será necesario escribir, desde lo profundo de su corazón… donde habita Cristo, su real inspiración.

(por Cecilia Menacho)

El efecto de nuestras palabras, por Maureen Herrera Brenes

Sucedió en un concurso de canto que se transmite por televisión actualmente en Costa Rica. Ante un comentario de uno de los jueces, el joven concursante reaccionó así, palabras más palabras menos: “quiero aclarar algo, la orquesta no tocó la canción correctamente. Me parece una actitud muy irresponsable por parte de ellos, a estas alturas de la competencia”.

“Irresponsables”. A mí la palabra me retumbó en el cerebro, y me hizo pensar en los efectos de su afirmación. Efectivamente, las consecuencias estuvieron presentes el resto del programa: uno de los jurados defendió la calidad de la orquesta, el director de la agrupación aclaró que el cantante “entró” mal y esto afectó la ejecución, el cantante reconoció su error y al final pidió disculpas públicamente, visiblemente apenado.

A pesar de la congoja casi constante, el asunto terminó bien, con hidalguía y respeto entre las partes. Sin embargo, creo que todo se habría evitado si el muchacho hubiera sido más prudente en su afirmación, o mejor aún, si no hubiera dicho nada. Al final se habría dado cuenta de que él era el único responsable de lo que había sucedido. “Hablé con el hígado, sin pensar”, dijo al disculparse.

A lo largo de todo el episodio, y en los días posteriores, he pensado en quienes escribimos; la verdad es que no estamos exentos de una situación como esta. También podemos escribir sin pensar, al calor de un momento. Esta es una de las razones por las cuales me parece tan valioso dejar reposar los textos.

Hay una lección que nunca olvidaré sobre el uso cuidadoso que debemos hacer de las palabras. La recibí de Patricia Cardona, una costarricense radicada en México donde por muchos años fue crítica de teatro y danza, y actualmente se dedica a formar críticos. Me parece que el consejo con que instruye a sus estudiantes es válido para todas aquellas personas que a menudo opinamos sobre diferentes temas: “Debemos preguntarnos si nuestras palabras son verdaderas, constructivas y necesarias”.

Estamos llamados a honrar al Señor con todo lo que hacemos… y con todo lo que escribimos. Qué el Señor nos ayude a hacerlo con excelencia, respeto y prudencia.

La sonrisa de tu rostro, por Cecilia de Aranibar

Muchas veces, nos interesamos en una persona cuando vemos la expresión amigable que tiene en su rostro. Aquella sonrisa que nos invita al diálogo, a iniciar una conversación sin reparos, sabiendo que seremos bienvenidos.

 

Igualmente para los lectores, es el título de un escrito. Ese título nos debe invitar a leer, nos debe mantener interesados, darnos una idea de lo que se viene, y aún así, dejarnos con la expectativa, el asombro y las ganas de conocer más.

 

El título que le pongamos a nuestros escritos, entonces, será como la sonrisa de aquel rostro. Una puerta de entrada para dar a conocer, de manera general, lo que encontrarán si continúan la lectura. Una bienvenida, con los brazos abiertos.

 

En una ocasión me dijeron: “escribe primero y luego búscale un título ideal”. Me ha sucedido en algunas ocasiones, que terminando un escrito, me doy con la sorpresa que el título que le puse inicialmente no correspondía con lo que escribí y tuve que cambiarlo. Por ello sería una buena práctica escribir primero y preocuparnos de ese detalle al final. 

 

Entonces escriba primero, y verá que sus mismos escritos cobrarán vida, le llevarán por sendas que no había sospechado inicialmente, será asombroso, y al final, dibujará una puerta de entrada a ese sendero, y la rotulará con una cálida bienvenida, para que otros como usted, disfruten de ese viaje maravilloso,  y digan juntos, “acabo de tener una muy buena lectura”.

Cecilia de Aranibar

www.cyberlector.com

Aprendiendo el oficio de ser escritor, por Cecilia de Aranibar

Cuando nos embarcamos en la tarea de escribir, con la ilusión de algún día dedicarnos a ello por completo, comenzamos a buscar alguna fórmula que nos ayude en nuestro emprendimiento. 

Buscamos averiguar un poco sobre los inicios de algunos de nuestros escritores favoritos, y cómo vencieron las dificultades, cómo sortearon los obstáculos, cómo lograron su primera publicación, es decir, todo lo que tuvieron que hacer hasta cumplir su objetivo: ser considerados buenos escritores.

Así lo hice, pero luego de meses de investigación, me topé con una realidad indiscutible: “No se puede aprender a ser escritor”. Lo que sí se puede hacer, es aprender a redactar mejor y con buena ortografía, se puede aprender ciertas técnicas según el género literario, se puede incluso, participar de algunos talleres, pero nada valdrá la pena, si no se tiene pasión por la escritura.

Si usted tiene pasión y está dispuesto a pasar por el proceso de maduración que se requiere de todo escritor, entonces para comenzar, podría seguir estos tres sencillos consejos:

1.-  Sea un buen lector

La lectura nos ayuda a mejorar nuestra redacción y ortografía. Lea los libros más recomendados y procure absorber desde estilos hasta formatos de presentación. 

2.- Escriba, escriba y escriba

Solo escribiendo podrá mejorar su propio estilo. Haciendo esto, se dará cuenta si verdaderamente es lo que desea hacer como actividad central. Un escritor necesita disciplina, constancia y creatividad, para mantenerse a flote en un mundo tan competitivo. 

3.- Muestre sus escritos

Muestre sus escritos a alguien que entienda del tema y le pueda orientar. Muchos escriben, pero no muestran sus escritos, ya sea por vergüenza o por temor a las críticas. Un escritor debe aprender a sobrellevar ambos sentimientos, y saber que habrá críticas, pero si cumplió sus objetivos personales, si comunicó el mensaje que quería brindar, entonces puede seguir tranquilo. 

Entonces, si usted quiere ser un buen escritor, debe asegurarse de creer en usted mismo. Saber que esa es su pasión y seguir hacia adelante sin bajar la guardia; escuchar los consejos y ponerlos en práctica, y sobre todo, estar muy seguro de tener la necesidad, de transmitir ese mensaje que usted tiene, a los demás, a través de la escritura, porque usted siempre quiso… ser escritor.

 

Cecilia de Aranibar

www.cyberlector.com