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Cómo editar un artículo

Compartimos este artículo de interés para editores y también los escritores, que siempre deben hacer una auto-edición de sus trabajos.

1. Antes de hacer cambios y correcciones, se debe leer el artículo dos o tres veces.¿Cada parte del artículo contribuye o apoya la idea central?
¿Está organizado en una forma lógica?
¿Existen partes del artículo que interrumpen el desarrollo de este artículo
¿Existen ciertas partes del artículo que son demasiadas largas en comparación con otras?
¿Existe una sección del artículo que se podría quitar y presentar como un artículo aparte? como definiciones, pasos prácticos, direcciones para obtener más información, estadísticas que podrían ser presentadas como gráficos

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Como dar vida a tus escritos

1. Apelar a los 5 sentidosj0300492

2. Usar verbos activos y vigorosos

3. Usar sustantivos concretos y no-abstractos

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El sonido de tu escritura

BOOK-AN2Compartimos hoy un artículo publicado por Kindle Direct Publishing, escrito originalmente en inglés por Richard Ridley. ¡Muchas gracias!

Este es mi ritual habitual para escribir: escribo un número decente de palabras al día (rara vez sobrepaso las 2000 palabras, aunque haya producido unas 8000). La mañana siguiente no empiezo donde lo dejé. Leo lo que escribí el día anterior. Algunas veces empiezo a leer la historia desde el principio. Esto me permite meterme en el papel y me ofrece una mejor percepción de los personajes. Sigue leyendo

El efecto de nuestras palabras, por Maureen Herrera Brenes

Sucedió en un concurso de canto que se transmite por televisión actualmente en Costa Rica. Ante un comentario de uno de los jueces, el joven concursante reaccionó así, palabras más palabras menos: “quiero aclarar algo, la orquesta no tocó la canción correctamente. Me parece una actitud muy irresponsable por parte de ellos, a estas alturas de la competencia”.

“Irresponsables”. A mí la palabra me retumbó en el cerebro, y me hizo pensar en los efectos de su afirmación. Efectivamente, las consecuencias estuvieron presentes el resto del programa: uno de los jurados defendió la calidad de la orquesta, el director de la agrupación aclaró que el cantante “entró” mal y esto afectó la ejecución, el cantante reconoció su error y al final pidió disculpas públicamente, visiblemente apenado.

A pesar de la congoja casi constante, el asunto terminó bien, con hidalguía y respeto entre las partes. Sin embargo, creo que todo se habría evitado si el muchacho hubiera sido más prudente en su afirmación, o mejor aún, si no hubiera dicho nada. Al final se habría dado cuenta de que él era el único responsable de lo que había sucedido. “Hablé con el hígado, sin pensar”, dijo al disculparse.

A lo largo de todo el episodio, y en los días posteriores, he pensado en quienes escribimos; la verdad es que no estamos exentos de una situación como esta. También podemos escribir sin pensar, al calor de un momento. Esta es una de las razones por las cuales me parece tan valioso dejar reposar los textos.

Hay una lección que nunca olvidaré sobre el uso cuidadoso que debemos hacer de las palabras. La recibí de Patricia Cardona, una costarricense radicada en México donde por muchos años fue crítica de teatro y danza, y actualmente se dedica a formar críticos. Me parece que el consejo con que instruye a sus estudiantes es válido para todas aquellas personas que a menudo opinamos sobre diferentes temas: “Debemos preguntarnos si nuestras palabras son verdaderas, constructivas y necesarias”.

Estamos llamados a honrar al Señor con todo lo que hacemos… y con todo lo que escribimos. Qué el Señor nos ayude a hacerlo con excelencia, respeto y prudencia.