Por Maureen Herrera Brenes
Hay una caricatura de Quino en que un grupo de señores, con apariencia de importantes, observan el cuadro de un artista. Luego de ver la obra se despiden encantados y le manifiestan sus elogios: “¡Lo felicito, tiene usted la magia de Chagall!”, “¡La poesía de Renoir!”, “¡El vigor de Van Gogh!”, “¡La libertad de Picasso!”, “¡La fineza de Modigliani!”. Al final, todos se van encantados, pero el artista queda triste y encorvado, pensando para sí: “¡Yo quería ser yo!»
Desde que empecé en estos caminos de la creación literaria y periodística, me he enfrentado al desafío de construir una voz propia. Me parece que es uno de los retos más significativos de cualquier escritor. Los grandes temas son los mismos, pero el punto de vista de quien escribe, único y particular, es el que le da identidad específica a cada autor y sus textos.
En mi opinión, para desarrollar una voz propia requerimos, entre otros aspectos, de un profundo conocimiento de nosotros mismos, un agudo sentido de observación y valentía. Veamos cada uno un poco más en detalle.
nsamiento más profundo. Facilitarnos el camino para encontrar nuestra propia voz, experimentar y jugar. Afilar nuestras observaciones y nuestra curiosidad. Darnos el hábito de escribir.

Oportunidades existen, solo es cuestión de encontrarlas. ¿Has estudiado las convocatorias de tu país? En todas existe una Secretaría o un apartado cultural, en el que se busca fomentar la creatividad de los habitantes de una región.
Como periodista, una de las tareas más desafiantes que debo enfrentar es la escritura de un guión para un anuncio radiofónico. Es todo un arte transmitir una idea en 30 segundos. De la misma forma me parece que uno de los retos más grandes de un escritor es lograr textos limpios, donde cada palabra ocupe un lugar preciso y ninguna esté de más. Supongo que coincidirán conmigo en que la sencillez es un arte que requiere mucho trabajo.