Archivo de la categoría: Sobre el oficio

Desarrollar una voz propia

Por Maureen Herrera Brenes

Hay una caricatura de Quino en que un grupo de señores, con apariencia de importantes, observan el cuadro de un artista. Luego de ver la obra se despiden encantados y le manifiestan sus elogios: “¡Lo felicito, tiene usted la magia de Chagall!”, “¡La poesía de Renoir!”, “¡El vigor de Van Gogh!”, “¡La libertad de Picasso!”, “¡La fineza de Modigliani!”. Al final, todos se van encantados, pero el artista queda triste y encorvado, pensando para sí: “¡Yo quería ser yo!»

Desde que empecé en estos caminos de la creación literaria y periodística, me he enfrentado al desafío de construir una voz propia. Me parece que es uno de los retos más significativos de cualquier escritor. Los grandes temas son los mismos, pero el punto de vista de quien escribe, único y particular, es el que le da identidad específica a cada autor y sus textos.

En mi opinión, para desarrollar una voz propia requerimos, entre otros aspectos, de un profundo conocimiento de nosotros mismos, un agudo sentido de observación  y valentía. Veamos cada uno un poco más en detalle.

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Como escribir un buen ensayo

por Cecilia Menacho de Aranibar

www.cyberlector.com

Se acerca el reto de escribir un nuevo Ensayo para participar en este magnífico concurso propuesto por la red de editoriales de América Latina LETRA VIVA, la agencia de servicios editoriales CHRISTIAN EDITING y la organización MEDIA ASSOCIATES INTERNATIONAL (MAI), con la propuesta del “Premio de Ensayo Letra Viva”, y por ello debemos estar preparados. He aquí algunas consideraciones:

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¿Tienes potencial para escritor?

por Martha de Berberián

Cada uno de nosotros es único en el mundo, con características diferentes en lo físico, mental, espiritual, en motivación, conocimientos y apariencia. Cada uno tiene diferentes dones y talentos, y nuestra función en la vida es única, porque somos únicos.

No todos podremos llegar a ser escritores de renombre, pero todos podemos aprender a expresamos bien. Recordemos que muchos que han logrado éxito quizá no eran los más dotados, pero sí disciplinados y perseverantes, y con el tiempo lograron su meta. Lamentablemente hay personas muy inteligentes que por falta de disciplina y perseverancia no llegaron a desarrollar y usar todo su potencial.

Surge entonces la pregunta: ¿Tengo yo potencial para escritor? ¿Tengo las cualidades necesarias para desarrollarme como escritor cristiano? Veamos algunos datos interesantes. Sigue leyendo

Por qué o porqué

Se nos dice que “porqué” es un sustantivo masculino que significa “causa o motivo”. Se puede usar en plural: “porqués”. Ejemplo:

No entiendo el porqué de tantas reglas. En otras palabras, no entiendo la razón de tantas reglas.

Tengo muchos porqués para explicar mi enojo. En otras palabras, tengo muchos motivos/causas para explicar mi enojo.

Sin embargo, no se debe confundir con «por qué». Esta es una combinación de la preposición “por” y el adjetivo interrogativo “qué”.

Ejemplo: ¿Por qué has hecho esto?

Un error común, sería decir:

“Tengo una teoría para explicar el por qué no ha venido a clases”.

Como “por qué” no puede sustituirse por motivo, causa o razón (sin tener que añadir una frase explicativa), lo correcto es:

“Tengo una teoría para explicar por qué no ha venido a clases”.

Visitando librerías

Como escritor, a veces debes hacer trabajo de investigación. No es que vayas a copiar el estilo de otro autor o que vayas a sacrificar tu sueño o que debas cambiar tu tema de libro o tu trama de la futura novela.

Solo debes afinar tu sentido de percepción y, como un detective, te escabulles a una librería y:

—hueles los libros

—rozas las tapas

—sueñas con ver tu nombre en las portadas

—ves las listas de mayor venta

—lees las contraportadas de los libros que llaman tu atención

—cuentas los libros que algunos autores han publicado

—memorizas las casas editoriales que producen más

—te diviertes un rato con los libros infantiles

—admiras el arte en portadas e ilustraciones

—juegas a que eres millonario y puedes comprar todos los libros que tengas, así que haces una lista mental

—ruegas que alguien te regale para tu próximo cumpleaños un “certificado de regalo” para tu librería favorita

—concedes entrevistas imaginarias por tu nueva novela (cuando se vuelven realidad, ya no las disfrutas tanto)

—practicas tu firma para cuando des autógrafos (tampoco es tan emocionante cuando ya es un hecho)

—visitas a tus amigos, los clásicos, y suspiras al remembrar sus historias

—charlas con algún dependiente e indagas por los gustos de los lectores

—vigilas la pizarra con anuncios para futuros eventos interesantes

—entablas conversaciones imaginarias con tus autores favoritos

Todo eso puede hacer un escritor en una librería. Visita una lo más pronto posible, y ¡diviértete!

Conozcamos nuestro idioma (2) por Maureen Herrera Brenes

Desde hace algunos años estudio inglés, así que siempre llevo en mi bolso mi “cuadernito de nuevas palabras”. Supongo que es una práctica común entre la gente que estudia idiomas. No obstante, hace varios meses me di cuenta de que necesito otro cuaderno de palabras… en español.

 

Todo empezó un día en que escuché un programa radiofónico y se refirieron a un director de cine con el adjetivo de “iconoclasta”. ¿Y eso que significa?, pensé yo. El diccionario, amigo siempre generoso, me lo aclaró: “Se dice de quien niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos.” También encontré el sinónimo de “irreverente”. El ejercicio es apasionante. La última vez que lo realicé buscaba el significado de la palabra “dandy”, y lo primero que averigüé es que se escribe de esta forma en inglés, de donde proviene el término. En español se escribe “dandi”, y su significado es: “hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono”.

 

Este mundo de las palabras es una fuente sin fin. Uno de los primeros consejos que recibí en el inicio de mis estudios de periodismo, fue el destierro de la palabra “cosa”. Siempre es mejor usar la palabra precisa, y en este campo el español es un enorme escaparate del cual escoger. El mes pasado entrevisté a un arquitecto y me externaba su preocupación porque nuevas generaciones de colegas suyos no saben los nombres precisos de las partes de un edificio histórico. Esto me recordó que años atrás se restauró la fachada de un teatro en San José, el Teatro Popular Melico Salazar, y dicha actividad me puso en contacto con términos que nunca en la vida había escuchado. ¿Quién habría imaginado que en esa construcción, que yo simplemente llamaba “fachada”, conviven frisos, mascarones, balaustradas y cornisas, para mencionar unos pocos ejemplos?

 

A  propósito del tema les recomiendo el sitio www.elcastellano.org. Lo encontré hace poco y me suscribí a uno de sus servicios llamado “la palabra del día”. Además, periódicamente envían enlaces a sitios con noticias sobre el idioma español. Si queremos escribir, es imprescindible conocer nuestro idioma, tan rico, bello y lleno de la esencia misma de nuestra cultura. Me parece que debemos tener un aprecio especial por nuestra lengua materna, sin importar cuál esta sea, y al escribir esta afirmación pienso también en los latinoamericanos cuya lengua materna es el cabécar, el aymara o el maya.

 

Aunque aprecie al español, reconozco que las palabras tienen su propia vida y como chiquillos traviesos saltan de una lengua a otra con total desenfado. En Costa Rica, por ejemplo, a los niños se les llama “güilas”. A mí la expresión no me gustaba mucho y a veces sentía en ella un cierto sentido peyorativo. Sin embargo, mi profesor de gramática española me explicó que tiene muchos años de estar entre nosotros, pues su origen es náhuatl. Desde entonces le tomé cariño al término y lo uso con más frecuencia.

 

¡Qué vivan las palabras! No se vaya hoy a la cama sin aprender una nueva.

Algunas reflexiones sobre el ensayo, por Ian Darke

Si piensas participar en el Premio Letra Viva, estas reflexiones te serán útiles:

 

¿En qué pensamos cuando hablamos de un ‘ensayo’? Mi pequeño diccionario Usual de Larousse nos da unas pistas. Un ensayo puede ser un ‘análisis rápido de un producto químico’…, pero, lógico, aquí no estamos pensando en el laboratorio. Luego sigue: ‘una obra literaria que consiste en la reunión de algunas reflexiones hechas sobre un tema determinado’.

 

Me llama la atención la frase ‘algunas reflexiones’. El ensayo no permite espacio para abundar en todas las facetas de un tema. Notemos también que es ‘una reunión’ de reflexiones. Es decir, no hace falta un profundo análisis filosófico, sino, unir reflexiones en una forma coherente. 

 

Pueden ser reflexiones a base de la experiencia propia. Por ejemplo, una estudiante puede hablar de los desafíos que ella encuentra en el campus universitario: de la presión social, de las burlas que hacen otros estudiantes, y el lavado de cerebro impuesto por profesores evolucionistas. No puede hablar de todo el continente, ni de todo sector de la sociedad, pero puede hablar de su experiencia en su propia comunidad.

 

Igual, se puede reflexionar a base de la observación. Una señora puede escribir con sensibilidad sobre los desafíos que enfrentan las mujeres divorciadas en la iglesia, por ejemplo, siendo amiga de ellas. 

 

El ensayo se ha definido también como ‘literatura de ideas’. Jézer González, en su libro El ensayo: sus formas y contenidos dice que «un ensayo es una interpretación ideológica de un objeto de la cultura, o de la cultura en su totalidad». Como interpretación de un aspecto de la cultura, el ensayo adopta una determinada manera de verla. Por ejemplo, se puede adoptar una orientación histórica para reflexionar sobre el estado de la iglesia evangélica hoy en día. Lo que la iglesia vive hoy es inevitablemente vinculado con sus raíces, los inicios de las denominaciones, luego el crecimiento de nuevas iglesias independientes. ¿Será que las luchas de décadas anteriores complica la vida para los creyentes de hoy? ¿O que en la actualidad, hemos perdido valores valiosos que caracterizaron nuestros antepasados?

 

Para dar otro ejemplo, se puede escribir con una perspectiva sociológica, reflexionando sobre la imagen que tiene la iglesia evangélica en la sociedad en general. Muchas veces la prensa califica la iglesia evangélica como una secta caudillista, preocupada por prosperidad y milagros. Sea válido o no, la imagen de la iglesia puede causar dificultades para los creyentes hoy. ¿Tiene razón la prensa cuando critican los evangélicos? ¿Qué podemos hacer para enfrentar los desafíos generados por los medios de comunicación?

 

El ensayo, en suma, puede ser escrito con un enfoque analítico, sociológico o filosófico. Lo importante es no escribir generalidades que son francamente ¡¡ABURRIDAS!!

 

Somos muy diferentes, tenemos diversas fortalezas y experiencias. Todos podemos aportar experiencias, reflexiones e ideas, que nos ayuden a tomar conciencia de los desafíos actuales y reales que enfrentan las generaciones presentes de la iglesia. 

 

Que este Concurso sea la base de un gran intercambio de sugerencias y propuestas, para fortalecer la iglesia en el continente, para la honra y gloria de Dios. 

¿Importa la ortografía?

¿Importa si en tu camisa blanca se ven manchas de comida? ¿Importa si tus zapatos nuevos traen lodo? ¿Importa si el recibo del teléfono trae un error de unos cuantos dólares de más? ¿Importa si el profesor se presenta a los alumnos sin haberse bañado? ¿Importa si hablas con la boca llena? ¿Importa si hablas con palabras altisonantes? ¿Importa si mascas chicle mientras te diriges a un público? ¿Importa si la canción venía sin dos acordes? ¿Importa si el actor decide saltarse unas líneas de su diálogo? ¿Importa si la pintura está terminada?

 

¿Importa la ortografía? No solo es tu carta de presentación, sino que dice mucho de ti. Si eres un futuro escritor, ¿no muestran las faltas de ortografía que has leído poco? Aún más, escribir con faltas de ortografía pudiera mandar el mensaje de que no amas el idioma. Y si no amas el idioma, ¿para qué quieres escribir?

 

El artista ama y respeta las teorías de los colores; el escultor ama las formas y el mármol; el músico ama los sonidos y sus combinaciones; el escritor ama el idioma. Si lo amas, mejora tu ortografía.

La Entrevista (parte 3)

¿Qué tipo de entrevistador es usted?

De una forma un poco jocosa, José Ignacio López Vigil afirma que existen varios tipos de entrevistadores, según lo cita José Zepeda.  Aunque lo menciona con relación a radio, se trata de una clasificación muy útil para corregir errores.  ¿Le parecen familiares?

a. El que improvisa. Aduce que no tiene tiempo, por lo que realiza su trabajo a la carrera.  Confía en su capacidad de improvisación, la cual confunde con conocimiento.

b. El nervioso.  Le tiemblan las manos y la voz se le escucha insegura.  El nerviosismo es normal en principiantes, pero en gente más experimentada se trata de una inseguridad derivada de desconocimiento del tema.

c. La estrella.  Prácticamente no deja hablar al entrevistado y hace de cada pregunta un discurso.

d. El sordo.  Se preocupan más por su cuestionario que por poner atención al entrevistado.  Ante su descuido el entrevistado muchas veces se ve forzado a decir: «como le dije anteriormente…».

La Entrevista (parte 2)

Preste AteMicrophonención

Esto es fundamental.  Si para usted tomar notas y prestar atención a la vez es muy difícil, grabe la entrevista -siempre que la persona entrevistada esté de acuerdo.  Es muy penoso cuando nuestro interlocutor debe responder: «Como le expliqué hace un rato…», si bien esto puede indicar que no quedamos satisfechos con su respuesta anterior, también puede indicar que no estamos prestando la atención debida.

No le tema al silencio

No todos los entrevistados se lanzan a responder apenas el interlocutor cerró los labios.  Tal vez se trate de la personalidad, el tema o la pregunta en particular, lo cierto es que a veces la persona se queda callada por algunos segundos.  Esto hace sentir incómodos a algunos entrevistadores, especialmente a aquellos que les cuesta escuchar.  Sin embargo, lo recomendable es aguardar con paciencia; interrumpir a la otra persona mientras piensa puede costarnos una buena respuesta.

Respete a su entrevistado

Su entrevistado le está cediendo parte de su tiempo y, según el tema del cual se trate, una parte de su vida.  No importa si es un campesino o un gerente, merece todo su respeto y esto empieza con la puntualidad al acudir a su cita.

Trate de abordar la conversación sin juicios preconcebidos acerca de la otra persona.  Sin embargo, cuando se trata de gente con la que usted de antemano sabe que no está de acuerdo, no use la entrevista para rebatir o combatir.  Recuerde que a usted le interesa la opinión del otro por lo que vale en sí misma y, después de todo, quien concertó la entrevista fue usted.

Nunca se le ocurra lucirse ante su entrevistado o impresionarlo con su erudición. En la conversación la estrella es la otra persona, no usted.

(continuará)