La sonrisa de tu rostro, por Cecilia de Aranibar

Muchas veces, nos interesamos en una persona cuando vemos la expresión amigable que tiene en su rostro. Aquella sonrisa que nos invita al diálogo, a iniciar una conversación sin reparos, sabiendo que seremos bienvenidos.

 

Igualmente para los lectores, es el título de un escrito. Ese título nos debe invitar a leer, nos debe mantener interesados, darnos una idea de lo que se viene, y aún así, dejarnos con la expectativa, el asombro y las ganas de conocer más.

 

El título que le pongamos a nuestros escritos, entonces, será como la sonrisa de aquel rostro. Una puerta de entrada para dar a conocer, de manera general, lo que encontrarán si continúan la lectura. Una bienvenida, con los brazos abiertos.

 

En una ocasión me dijeron: “escribe primero y luego búscale un título ideal”. Me ha sucedido en algunas ocasiones, que terminando un escrito, me doy con la sorpresa que el título que le puse inicialmente no correspondía con lo que escribí y tuve que cambiarlo. Por ello sería una buena práctica escribir primero y preocuparnos de ese detalle al final. 

 

Entonces escriba primero, y verá que sus mismos escritos cobrarán vida, le llevarán por sendas que no había sospechado inicialmente, será asombroso, y al final, dibujará una puerta de entrada a ese sendero, y la rotulará con una cálida bienvenida, para que otros como usted, disfruten de ese viaje maravilloso,  y digan juntos, “acabo de tener una muy buena lectura”.

Cecilia de Aranibar

www.cyberlector.com

Aprendiendo el oficio de ser escritor, por Cecilia de Aranibar

Cuando nos embarcamos en la tarea de escribir, con la ilusión de algún día dedicarnos a ello por completo, comenzamos a buscar alguna fórmula que nos ayude en nuestro emprendimiento. 

Buscamos averiguar un poco sobre los inicios de algunos de nuestros escritores favoritos, y cómo vencieron las dificultades, cómo sortearon los obstáculos, cómo lograron su primera publicación, es decir, todo lo que tuvieron que hacer hasta cumplir su objetivo: ser considerados buenos escritores.

Así lo hice, pero luego de meses de investigación, me topé con una realidad indiscutible: “No se puede aprender a ser escritor”. Lo que sí se puede hacer, es aprender a redactar mejor y con buena ortografía, se puede aprender ciertas técnicas según el género literario, se puede incluso, participar de algunos talleres, pero nada valdrá la pena, si no se tiene pasión por la escritura.

Si usted tiene pasión y está dispuesto a pasar por el proceso de maduración que se requiere de todo escritor, entonces para comenzar, podría seguir estos tres sencillos consejos:

1.-  Sea un buen lector

La lectura nos ayuda a mejorar nuestra redacción y ortografía. Lea los libros más recomendados y procure absorber desde estilos hasta formatos de presentación. 

2.- Escriba, escriba y escriba

Solo escribiendo podrá mejorar su propio estilo. Haciendo esto, se dará cuenta si verdaderamente es lo que desea hacer como actividad central. Un escritor necesita disciplina, constancia y creatividad, para mantenerse a flote en un mundo tan competitivo. 

3.- Muestre sus escritos

Muestre sus escritos a alguien que entienda del tema y le pueda orientar. Muchos escriben, pero no muestran sus escritos, ya sea por vergüenza o por temor a las críticas. Un escritor debe aprender a sobrellevar ambos sentimientos, y saber que habrá críticas, pero si cumplió sus objetivos personales, si comunicó el mensaje que quería brindar, entonces puede seguir tranquilo. 

Entonces, si usted quiere ser un buen escritor, debe asegurarse de creer en usted mismo. Saber que esa es su pasión y seguir hacia adelante sin bajar la guardia; escuchar los consejos y ponerlos en práctica, y sobre todo, estar muy seguro de tener la necesidad, de transmitir ese mensaje que usted tiene, a los demás, a través de la escritura, porque usted siempre quiso… ser escritor.

 

Cecilia de Aranibar

www.cyberlector.com

 

 

Conozcamos nuestro idioma (2) por Maureen Herrera Brenes

Desde hace algunos años estudio inglés, así que siempre llevo en mi bolso mi “cuadernito de nuevas palabras”. Supongo que es una práctica común entre la gente que estudia idiomas. No obstante, hace varios meses me di cuenta de que necesito otro cuaderno de palabras… en español.

 

Todo empezó un día en que escuché un programa radiofónico y se refirieron a un director de cine con el adjetivo de “iconoclasta”. ¿Y eso que significa?, pensé yo. El diccionario, amigo siempre generoso, me lo aclaró: “Se dice de quien niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos.” También encontré el sinónimo de “irreverente”. El ejercicio es apasionante. La última vez que lo realicé buscaba el significado de la palabra “dandy”, y lo primero que averigüé es que se escribe de esta forma en inglés, de donde proviene el término. En español se escribe “dandi”, y su significado es: “hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono”.

 

Este mundo de las palabras es una fuente sin fin. Uno de los primeros consejos que recibí en el inicio de mis estudios de periodismo, fue el destierro de la palabra “cosa”. Siempre es mejor usar la palabra precisa, y en este campo el español es un enorme escaparate del cual escoger. El mes pasado entrevisté a un arquitecto y me externaba su preocupación porque nuevas generaciones de colegas suyos no saben los nombres precisos de las partes de un edificio histórico. Esto me recordó que años atrás se restauró la fachada de un teatro en San José, el Teatro Popular Melico Salazar, y dicha actividad me puso en contacto con términos que nunca en la vida había escuchado. ¿Quién habría imaginado que en esa construcción, que yo simplemente llamaba “fachada”, conviven frisos, mascarones, balaustradas y cornisas, para mencionar unos pocos ejemplos?

 

A  propósito del tema les recomiendo el sitio www.elcastellano.org. Lo encontré hace poco y me suscribí a uno de sus servicios llamado “la palabra del día”. Además, periódicamente envían enlaces a sitios con noticias sobre el idioma español. Si queremos escribir, es imprescindible conocer nuestro idioma, tan rico, bello y lleno de la esencia misma de nuestra cultura. Me parece que debemos tener un aprecio especial por nuestra lengua materna, sin importar cuál esta sea, y al escribir esta afirmación pienso también en los latinoamericanos cuya lengua materna es el cabécar, el aymara o el maya.

 

Aunque aprecie al español, reconozco que las palabras tienen su propia vida y como chiquillos traviesos saltan de una lengua a otra con total desenfado. En Costa Rica, por ejemplo, a los niños se les llama “güilas”. A mí la expresión no me gustaba mucho y a veces sentía en ella un cierto sentido peyorativo. Sin embargo, mi profesor de gramática española me explicó que tiene muchos años de estar entre nosotros, pues su origen es náhuatl. Desde entonces le tomé cariño al término y lo uso con más frecuencia.

 

¡Qué vivan las palabras! No se vaya hoy a la cama sin aprender una nueva.

Oportunidad hasta junio

Si aún no te decides a participar en el Premio de Ensayo Letra Viva, ¿qué esperas? Lee esto:

 

A solicitud de muchos potenciales participantes, los organizadores del Premio de Ensayo Letra Viva decidieron extender por tres meses la convocatoria del concurso literario que convoca una red de editoriales evangélicas de América Latina.

 

El Premio de Ensayo Letra Viva, que consiste en la publicación en un tomo de los 5 mejores ensayos de enfoque cristiano y 500 dólares para cada obra ganadora, cerrará ahora el 30 de junio.

 

Sigue leyendo aquí.

Cómo dar vida a las palabras

 

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Como dar vida a las palabras: hacia el dominio de la lengua española, por María Cristina de Kunsch es una nueva publicación de Editorial Búsqueda de Argentina. 

«Cómo dar vida a las palabras es un curso práctico sobre el idioma castellano que procura inspirar a quienes tienen vocación literaria y dirigirlos hacia una correcta expresión estética.

En la presentación de cada tema se han evitado las reglas gramaticales y los áridos tecnicismos que con frecuencia son un estorbo al interés del estudioso de esta disciplina.Para los ejemplos, se han seleccionado textos literarios de autores de diversos países de habla hispana y de pasajes de la Biblia, de modo que aporten material para la meditación e ilustración de verdades compatibles con el evangelio.

Este libro contribuye a agilizar la expresión oral y escrita, por lo que no sólo es útil para los escritores sino también para los predicadores y maestros que desean mejorar la calidad de sus sermones y sus clases.»

Conozcamos nuestro idioma (1), por Maureen Herrera Brenes

En Costa Rica, mi país, llueve casi todo el año. Por este motivo no es de extrañar que tengamos muchas palabras asociadas a la lluvia: llovizna –popularmente, “pelo de gato”- aguacero, temporal, baldazo, tormenta. Cuando se empieza a nublar, sopla el viento y el aguacero se siente venir, la gente del campo dice “huele a agua”. Cuando amanece nublado, suponemos que el tiempo cambiará y en la tarde brillará el sol; en  ese caso el dicho apropiado es: “mañana oscura, tarde segura”. 

 

Esta introducción climática es para ejemplificar la riqueza del lenguaje, la principal herramienta de los escritores. Quienes estamos interesados en trabajar con palabras no podemos darnos el lujo de usarlas de manera pobre o inapropiada. Eso sería tan grave como contratar un carpintero y que este llegue a nuestra casa sin martillo ni serrucho. 

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Quiero compartir con ustedes algunas herramientas que he encontrado en el camino y me han sido de utilidad. De vuelta, ustedes pueden compartir las suyas y así aprendemos todos. 

 

A continuación les hablo de la primera. El año pasado me enteré de que existe un libro llamado Diccionario panhispánico de dudas. Soy periodista, así que se imaginarán la gran joya que ha sido para mí. Ya tengo subrayadas varias partes, a las cuales he llegado con preguntas de mi quehacer cotidiano: ¿Se escribe “medio día” o “mediodía”? ¿Llevan las siglas todas las letras en mayúscula, o sólo la primera? ¿Cuántas palabras deben llevar mayúscula en el título de un libro? No les cuento las respuestas, para que se motiven a investigar. 

 

La segunda herramienta sobre la que quisiera hablarles, es la posibilidad de tomar un curso de gramática española. El año pasado por primera vez cursé uno, nunca es tarde. Sabía que mi formación periodística en esa materia tenía carencias, pero suponía tener más que nociones básicas. ¡Oh ignorante de mí!  Para vergüenza de las escuelas de periodismo de mi país, he de confesar que entré a un mundo sobre el que sabía bien poco. Hoy disto mucho de ser experta, pero encontré una puerta abierta para seguir. Les animo a entrabar amistad con adverbios, conjunciones y preposiciones. A lo largo del viaje encontrarán que las palabras indicativo, subjuntivo e imperativo cobran sentido. 

 

En una próxima entrega les mencionará otras puertas que he encontrado, en esta maravillosa aventura de escribir. 

Algunas reflexiones sobre el ensayo, por Ian Darke

Si piensas participar en el Premio Letra Viva, estas reflexiones te serán útiles:

 

¿En qué pensamos cuando hablamos de un ‘ensayo’? Mi pequeño diccionario Usual de Larousse nos da unas pistas. Un ensayo puede ser un ‘análisis rápido de un producto químico’…, pero, lógico, aquí no estamos pensando en el laboratorio. Luego sigue: ‘una obra literaria que consiste en la reunión de algunas reflexiones hechas sobre un tema determinado’.

 

Me llama la atención la frase ‘algunas reflexiones’. El ensayo no permite espacio para abundar en todas las facetas de un tema. Notemos también que es ‘una reunión’ de reflexiones. Es decir, no hace falta un profundo análisis filosófico, sino, unir reflexiones en una forma coherente. 

 

Pueden ser reflexiones a base de la experiencia propia. Por ejemplo, una estudiante puede hablar de los desafíos que ella encuentra en el campus universitario: de la presión social, de las burlas que hacen otros estudiantes, y el lavado de cerebro impuesto por profesores evolucionistas. No puede hablar de todo el continente, ni de todo sector de la sociedad, pero puede hablar de su experiencia en su propia comunidad.

 

Igual, se puede reflexionar a base de la observación. Una señora puede escribir con sensibilidad sobre los desafíos que enfrentan las mujeres divorciadas en la iglesia, por ejemplo, siendo amiga de ellas. 

 

El ensayo se ha definido también como ‘literatura de ideas’. Jézer González, en su libro El ensayo: sus formas y contenidos dice que «un ensayo es una interpretación ideológica de un objeto de la cultura, o de la cultura en su totalidad». Como interpretación de un aspecto de la cultura, el ensayo adopta una determinada manera de verla. Por ejemplo, se puede adoptar una orientación histórica para reflexionar sobre el estado de la iglesia evangélica hoy en día. Lo que la iglesia vive hoy es inevitablemente vinculado con sus raíces, los inicios de las denominaciones, luego el crecimiento de nuevas iglesias independientes. ¿Será que las luchas de décadas anteriores complica la vida para los creyentes de hoy? ¿O que en la actualidad, hemos perdido valores valiosos que caracterizaron nuestros antepasados?

 

Para dar otro ejemplo, se puede escribir con una perspectiva sociológica, reflexionando sobre la imagen que tiene la iglesia evangélica en la sociedad en general. Muchas veces la prensa califica la iglesia evangélica como una secta caudillista, preocupada por prosperidad y milagros. Sea válido o no, la imagen de la iglesia puede causar dificultades para los creyentes hoy. ¿Tiene razón la prensa cuando critican los evangélicos? ¿Qué podemos hacer para enfrentar los desafíos generados por los medios de comunicación?

 

El ensayo, en suma, puede ser escrito con un enfoque analítico, sociológico o filosófico. Lo importante es no escribir generalidades que son francamente ¡¡ABURRIDAS!!

 

Somos muy diferentes, tenemos diversas fortalezas y experiencias. Todos podemos aportar experiencias, reflexiones e ideas, que nos ayuden a tomar conciencia de los desafíos actuales y reales que enfrentan las generaciones presentes de la iglesia. 

 

Que este Concurso sea la base de un gran intercambio de sugerencias y propuestas, para fortalecer la iglesia en el continente, para la honra y gloria de Dios. 

¡Ya tenemos ganador (a)!

Ya tenemos ganadora. Se trata de Gabriela Jaime de Riva. ¡Felicidades, Gabriela! Pronto recibirás el libro: “Cómo ser escritor”. Para los demás participantes, muchas gracias por sus comentarios. No dejen de visitarnos pues habrá más libros interesantes que iremos regalando en el transcurso del año.

 

Compartimos los autores preferidos de Gaby:

 

Tengo varios escritores latinoamericanos en mi lista. Tienen una forma muy particular de contar al detalle los momentos de la historia que relatan, el primero es Gabriel García Márquez. Conocí “Macondo” y su historia por medio su libro maestro, viví con familia “Buen Día” en aquella casa que los albergo mas de 100 años, sufrí mucho con el relato de un naufrago… Gioconda Belli – es otra escritora que admiro, he leído poco de ella, solo “Sofía de los presagios” pero viví esa historia como muy mía. Isabel Allende, la chilena también me conmueve muchísimo, ha contado parte de la historia chilena en forma de novela y eso me pareció maravilloso. Pero no puedo dejar de nombrar a mi última conocida y es Keila Ochoa… con su libro “Palomas” tuve una dimensión vasta de la historia de Jonás, su pueblo y el pueblo pecador de Nínive. Gabriela.

Premio Grupo Nelson de Literatura de Ficción 2009

Grupo Nelnelsonson, la subsidiaria en español de la editorial estadounidense Thomas Nelson Publishers convoca a escritores hispanoamericanos a participar en el Premio Grupo Nelson de literatura de ficción 2009. Para mayores informes visita: Premio Grupo Nelson.

 

Y para animar a nuestros lectores a aprovechar las oportunidades que ofrecemos en esta sección, les compartimos estas frases:

 

El éxito es ese viejo trío: habilidad, oportunidad y valentía”. Charles Luckman

“La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho”. Jonas Edward Salk

“Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas”. Demóstenes

“Las oportunidades son como los amaneceres: si uno espera demasiado, se los pierde”. William Arthur Ward

¿Importa la ortografía?

¿Importa si en tu camisa blanca se ven manchas de comida? ¿Importa si tus zapatos nuevos traen lodo? ¿Importa si el recibo del teléfono trae un error de unos cuantos dólares de más? ¿Importa si el profesor se presenta a los alumnos sin haberse bañado? ¿Importa si hablas con la boca llena? ¿Importa si hablas con palabras altisonantes? ¿Importa si mascas chicle mientras te diriges a un público? ¿Importa si la canción venía sin dos acordes? ¿Importa si el actor decide saltarse unas líneas de su diálogo? ¿Importa si la pintura está terminada?

 

¿Importa la ortografía? No solo es tu carta de presentación, sino que dice mucho de ti. Si eres un futuro escritor, ¿no muestran las faltas de ortografía que has leído poco? Aún más, escribir con faltas de ortografía pudiera mandar el mensaje de que no amas el idioma. Y si no amas el idioma, ¿para qué quieres escribir?

 

El artista ama y respeta las teorías de los colores; el escultor ama las formas y el mármol; el músico ama los sonidos y sus combinaciones; el escritor ama el idioma. Si lo amas, mejora tu ortografía.