¡Querido hermano Domínico!

Es con gran agrado que compartimos un artículo en forma de carta del gran comunicador cristiano Mariano González, sobre el libro La aventura de escribir. El lector descubrirará que el escritor viene del hermoso país de la República Dominicana. ¡Gracias don Mariano!

Querido hermano Domínico:

Con el mayor agrado le envío de regalo este libro La Aventura de Escribir.* Lo hago con el fin de estimularlo a seguir estudiando duro, y practicando arduamente, el arte de escribir.  Parto de la presunción de que no lo ha leído.  Si es el caso que ya lo ha hecho, entonces puede pasar esta obrita a alguna otra persona a quien usted considere pudiera despertarle el deseo de a aprender a escribir bien.

Si este libro no despierta en usted un apetito voraz por llegar a ser un escritor, un buen escritor, un gran escritor, un escritor cristiano de talla, entonces me veré obligado a decirle: “Baja la mano que tu no das para eso”, tal y como hace años me atreví a decirle a los integrantes del Grupo de Plata en una de sus reuniones plenarias sabáticas en Santo Domingo.  Usted, hermano Dominico, fue integrante asiduo por años de ese Grupo de tan placentera recordación, y ha de haber estado presente en la histórica reunión en que presenté mi propuesta al Grupo de estudiar periodismo.  Para facilitarle la memoria, la mencionada reunión tuvo efecto en la azotea de la catalana hermana doña Lola viuda Custals en la Calle Duvergé.

El libro que le envío es uno de los libros que más me han desafiado, no solamente desde el punto de vista del oficio de escribir, sino también por acelerar dentro de mi el fuerte deseo de ser más y mejor cristiano.  (Doble Play).  Esta obrita ha intensificado en mi interior además el deseo de proseguir con la santa decisión de usar en la expansión del Reino de Dios y de Su Cristo, los talentos con que el Señor me ha bendecido.  Esta obrita me ha sacudido el cerebro como hace un remolino, y me ha masajeado el corazón como pocas lecturas lo han hecho en estos últimos años.  He leído de tapa a tapa La Aventura de Escribir dos veces, y tres veces, la cantidad de líneas que subrayé a lo ancho de todo el libro, además de las copiosas notas y apuntes que desperdigué en sus márgenes a medida que lo leía.  Tengo intención de seguir leyéndolo a fin de escrutar mejor, y grabar in profundis en mi memoria, las experiencias y consejos de estos 14 puntales del periodismo evangélico latinoamericano. Sin dudas que este pequeño gigante me facilitará seguir aprendiendo sobre la marcha como amolar bien, y como usar mejor, el instrumento con el que puede dársele permanencia a las ideas.

Con toda la fuerza de su atención, hermano querido, lea a estos 14 titanes.  Le será provechoso a su vocación de escritor saturarse de lo que dicen estos 14 escritores.  Preste atención especial a Arnoldo Canclini, Justo González, Emilio Núñez, René Padilla, Elsie Romanenghi de Powel y Lilia Solano.  Son, simplemente, luminarias del arte de escribir.

Por alguna razón providencial llegué tarde a esta abundante fuente de sabiduría e inspiración.  Sin embargo, resignado y conforme, acepto la providencialidad de que “En sus manos están mis tiempos” (Sal 1:15).    Y . . . le pido, amado Dominico, que permanezca usted tranquilo, tranquilo, tranquilito, puesto que aquí no ha pasado nada.  El Control Central de allá arriba apunta, y dispara, y su magnífica puntería da siempre en el blanco a su tiempo.  Nunca llega tarde ni demasiado temprano y jamás se porta ociosamente al llegar.

De entrada, le repito mi hermano, en amor, el consejo básico que ya le dí hace tiempo por teléfono:  Hágase usted de un manual bueno de Gramática Castellana a fin de aprender a identificar con precisión la función de cada uno de los elementos básicos de la oración o frase, para que no escriba mocho. No solamente es menester identificar con precisión sino también hay que acertar a insertar con tino, el artículo, el sustantivo, el adjetivo, el verbo, el adverbio, el gerundio, la preposición, y todas las demás partes que suelen incidir en la construcción gramatical.  Inquiera hasta la saciedad ¿dónde va la coma (,)? ¿dónde el punto y coma (;)?; el acento (´), el punto y aparte (.), los puntos suspensivos (. . .) los dos puntos (:), etc. y etc.  El buen escritor ha de estar por siempre consciente de que la puntuación en un texto trae la sobresaliente función de canalizar y obligar a los ojos y a la mente del lector a leer bien, forzándolo, aunque este ni se de cuenta, a permitir que el escritor le comunique apropiadamente.  Sin un mínimo de dominio gramatical no puede haber claridad en la mente del que agarra la pluma (o el teclado) para destilar documentos que el lector realmente lea, aprecie; lo bendiga, lo edifique y le de un empujón hacia un plano espiritual más alto del que se encontraba cuando empezó a leer.

Doy por sentado que usted posee herramientas básicas para su uso cotidiano, como son el Diccionario Castellano (el Larousse o el Esparza), y un buen diccionario Bíblico como El Nuevo Diccionario de la Biblia por nuestro Jorge A. Lockward (Fonchi) editado por el Editorial Caribe.  No conozco otro diccionario Bíblico que supere al magnífico diccionario de Fonchi.

Hay que descubrir y explotar a toda capacidad la fuerza de escribir, no solamente con claridad, sino también con elegancia.  Hay que auto vigilarse para nunca escribir como uno habitualmente habla, tiradamente.  En particular, el slang dominicano del cual al escribir hay que apartarse como uno se apartaría de la plaga del cólera.  Excepto, — repito y subrayo — excepto en los casos cuando deliberadamente, por alguna válida razón, quiera usted producir un efecto especial de dominicanidad en el ánimo del que lee.  Conviene que los antillanos todos reconozcamos con humildad que el slang con que maltratamos en nuestros países isleños el castellano, es visto con cierto desprecio por otros pueblos que también hablan el lenguaje en que escribió el hidalgo Cervantes su genialísima novela “El Don Quijote de la Mancha”.  Para crédito de estos otros habladores de nuestro idioma, concederemos que hay entre ellos los que hablan el idioma de Castilla mejor, aunque también hay otros que lo hablan peor.

Por otro lado, los antillanos jamás deberemos equiparar esa concesión humilde con el ultraje a nuestra dignidad nacional, sino más bien discernirlo como una necesaria y positiva educación que puede servirnos para salir adelante comunicando el mensaje de Cristo a titirimundi.  Con esta educación evitaríamos que nuestro provincialismo fónico interfiriera con una clara comunicación del bonísimo Mensaje que tenemos responsabilidad de comunicar a los hombres de cualquier latitud.  Valga decir, debemos aspirar a ministrar al mundote enterote sin el impedimento de fronteras geográficas, políticas o lingüísticas que tan sutil y fácilmente pueden hacer un corto circuito que impida nuestro intento de comunicar.  Ministrar a Cristo con precisión y claridad deberá tener siempre una pasión prior en nuestra agenda de escritores.

Habremos muchos que conservaremos hasta la tumba la forma oral, el modo folklórico de hablar con que nos formó el entorno donde nacimos y/o nos criamos.  Santo y bueno.  Admito ser víctima de esos deslices ‘dominicaneísticos’, particularmente, cuando estoy en compañía de mis compatriotas en el exterior, o cuando me sueltan o me suelto yo mismo allá en la tierra que más amó Colón, ¡Bendita seas Quisqueya la Bella!, “la tierra de mis amores”. 

A decir verdad, mi hermanísimo, hay cierto salero inherente en el ‘dominicaneo’ oral.  El mismo nos hace vibrar cuando lo oímos y nos hace sentir más dominicanos que Duarte, Sánchez y Mella, especialmente si alguien nos tienta con la magia del arroz blanco con habichuelas, acompañado de un tajito de carne bien sazonada y bien guisada, y una buena tajada de aguacate.  Pero a la hora de escribir, el escribidor dominicano necesita subir los bemoles con que escribe hasta lograr afinar un tono más castizo, más agradable, más pulido, y mejor adaptado para la página impresa.  En la mayoría de los casos, la página impresa tiene el codiciado chance de adquirir un lectorado internacional.  Créame, mi querido Domínico, que con esta insistencia sobre mejorar el criollo coloquial al escribir, no estoy renunciando a mi dominicanidad, ni pidiéndole a usted tampoco que renuncie a la suya.  Simplemente estoy abogando porque a la hora de escribir, pongamos al caballo del lingo el cabestro que lo guíe por la senda que debe ir, en aras de lograr el codiciado objetivo de una eficiente comunicación.  Sin ello, habremos perdido el tiempo e irritado al lector.

Si mi percepción no es fallida, el ‘dominicaneo’ fonéticamente parece compaginar mejor con Sevilla que con Castilla.  Aparentemente los colonizadores que trajeron el idioma español a La Hispaniola y nos lo trasmitieron legándonoslo como herencia, eran en su mayoría de Andalucía.  Me percaté de tal variedad fonética del español en España misma, al pasar de una región a otra, en una jornada de muchos días que emprendimos mi esposa Perla y yo, por tierra, mediante la cual atravesamos prácticamente toda la Península Ibérica de Norte a Sur y de Este a Oeste.

Refuerza esta mi percepción, el hecho de que al caminar por las calles de Sevilla, la arquitectura Sevillana me conectó de golpe y sopetón, mental y automáticamente, con La Atarazana del casco colonial de Santo Domingo.  La Atarazana es una simpática réplica en miniatura de Sevilla .  Un culto y letrado gobernante dominicano, harto hispanófilo, invirtió millones largos de RD$ pesos remodelando los edificios coloniales de ese sector histórico de la  romántica Ciudad Primada de América, nuestra capital.

En cuanto a mí, hay los que aparentemente han notado mi dominicanidad desde el momento en que he abierto la boca, y otros, por el contrario, han percibido mi no dominicanidad.  Sospecho que han sacado tan disimilares conclusiones cuando en persona hemos compartido poco o mucho, no cuando me han leído.  Uno, en particular, mi tocayísimo y requete queridísimo y argentinísimo Mariano Carbone, con quién a través de los años he compartido tanto aquí, como en la Argentina.  Este pibe prefació su mensaje de pésame por la muerte de Perla mi esposa, ametrallándome como siempre lo hace con un: Querido tiote, dominicanísimo.  “¡Ajualá!”— (¡Ojalá!)  — que al pobre pibe porteño se le diera el viajar a Santo Domingo, para que sentado medio a medio en el Malecón de la Avenida George Washington o en el Parque Independencia, sacie su fascinación con el ‘dominicaneo’ hasta su última gota.  Vamos a trabajar en esto Mariano para traerlo a concreción.

Otros, como el cubanísimo Manny Reboiro de Coral Gables, Forida, a quién conozco sólo telefónicamente, y hasta el sol de hoy no en persona, en una de nuestras primeras conversaciones me disparó a quemarropa en su cubanísima manera: “Óigame, Mariano, ‘chico’, pero . . . usted si que no habla como los dominicanos”.  Además, hace años que una revista española en Madrid observó y comentó “el gracejo latinoamericano” en los artículos que nos publicaba.  Entonces . . .  por fin . . .  ¿De qué agua es este peje?  ¡Sáqueme alguien de este “enreo”!  Please!   Entiéndase que me creo peje del mar Caribe o del Atlántico isleño, dominicano hasta la tambora, y de dárseme la oportunidad, nunca he sido corto ni perezoso proclamando mi dominicanidad al mundo entero.  Es lo que he hecho, querido Dominico, por 48 países donde me han llevado estos pies “hermosos” (Ro 10:15).  Pero primeramente, y por encima de toda otra consideración, soy cristiano, y en mi proclamar el Evangelio al prójimo no quiero que esa condición étnica que tanto me honra, llegara a entorpecer mi esfuerzo por ministrarle a Cristo a los más con lenguaje barrenador.  Strike One!

Strike two!:  A la hora de escribir habremos de ponerle el cabestro al ‘dominicaneo’ oral por el potencial que ofrece la página impresa de proyectarse hacia un lectorado internacional.  ¡Por Celina, hermano Dominico! No hay nada más inapetente que “comerse” las Ss o decir “pol” en vez de “por” o “ná” en vez de “nada”.  Discúlpeme si se me ha ido la mano, pero el asunto es que la verdad es monda y lironda aunque siempre resulta salutífera al fin.   En el arte de escribir no hay otro atajo para comunicar con claridad y elegancia, arrancando bien y prosiguiendo bien desde A hasta B.

Por otra parte, mi hermanazo, hay que ejercer siempre la paciencia de no apresurarse a querer publicar sin haber pasado repetidas veces por la fragua de leer críticamente; re-leer, volver a leer, leer de nuevo una y otra vez; corregir, podar, afinar, volver a escribir, re-arreglar las frases y oraciones cambiándolas de un lugar sintáctico para otro.  Cambiando también cuando sea necesario, el orden de los párrafos para que sigan un escalafón lógico, ingeniosamente planeado de antemano.  Es menester convertir el texto completo desde A hasta B en un afilado instrumento que corte como un bisturí.

Además, conviene disciplinarse rígidamente, hasta acostumbrarse a practicar el recomendado periodo de enfriamiento de un escrito, engavetándolo por varios días, incluso semanas si es posible, después de haberlo  t r a b a j a d o  por un buen tiempo.  A la postre, será siempre sensato y productivo abordarlo de nuevo con mente crítica y con tijera en mano, sin prisas pero sin pausas, para proseguir el arduo proceso de recortarlo y podarlo hasta sus últimas instancias, hasta dejarlo “bolo” (sin colas) interferentes, y antes de declararlo kosher para la página impresa.

Pecando de repetitivo vuelvo a recalcarle, mi hermano, que es necesario usar bien la puntuación, las comas y las tildes, poniéndolas con precisión donde realmente van y no desperdigándolas al azar a través del texto en uno como “por lo que coja mi bon”.  Esos enigmáticos signos gráficos pueden hacer o deshacer un escrito.  Pueden curvar adversamente un énfasis, o descarrilar por completo el tren de la comunicación echando a perder el trabajo entero.  Reconozco que todavía batallo contra el demonio de la puntuación.  Tal vez esta comunicación misma sea un buen/mal ejemplo de ello.  Pero . . . “seguiré a caballo” — como decía el General Trujillo, — orando y con el mazo dando, escribiendo y puliendo, hasta reducir a completa sumisión el rompecabezas de la puntuación.

Por favor querido Dominico, vea que Dominica también lea esta carta.  Ella también ha incursionado en el arte de escribir aunque más tímidamente.

Pasadlo bien.

Me alegro haberlo visto, disimule, y good bye!

Con muchísimo afecto cristiano:

*Hubo unos primeros ‘dominicos’ a quien actualmente regalé La Aventura de Escribir, y me pareció, por lo que dijeron, que lo apreciaron mucho.

Por razones obvias no me es posible continuar con las regalías.

Los demás ‘dominicos’, que lleguen a intrigarse leyendo esta carta hasta el punto de desear leer La Aventura de Escribir, pueden adquirirlo por el módico precio de $10.00 (US dólares) contactando directamente a:

Media Associates International

351 S. Main PL. Ste. 230

Carol Stream, IL 60188 USA

Tel. 630/260-9063

mai@littworld.org

o en Amazon.com

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4 Respuestas a “¡Querido hermano Domínico!

  1. Carlita Lopez Cruz

    Que bueno,primo Mariano que estas escrbiendo y esa carta tan linda con los mencionados dominicanismos me ecanto, no se como te acuerdas de tantas cositas que decimos aqui, pues tienes tanto tiempo una vida por alla. Felicitaciones y Un gran abrazo de tu Prima: Carlita.

  2. De nuevo me inspiras, Mariano: acabo de comprar el libro.

  3. donde se puede comprar el libro ?debe ser un tesoro de experiencias.

  4. Hola: Está disponible en Amazon.com, en muchas librerías cristianas y por correo de MAI. La dirección está en el artículo.

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