Cosecha de palabras… y de vida

por Maureen Herrera Brenes, calinguero@gmail.com  

¿Cuántos de ustedes están dándole los últimos retoques a los trabajos para el Certamen de Ensayo Letra Viva? Espero que muchos “¡Yo!” hayan resonado frente al monitor. Les comento que el año pasado participé y tuve el honor de que mi trabajo fuera uno de los escogidos para publicarse. ¡Fue tan emocionante y satisfactorio! Si ustedes anhelan fervientemente hacer carrera en la escritura saben a qué me refiero.

Ya pasó un año desde que yo estaba corriendo para enviar mi trabajo sobre el teólogo costarricense Juan Stam, que finalmente titulé Juan Stam: el teólogo que ríe a carcajadas.  Me parece que este es un buen momento para compartir con ustedes parte de lo que aprendí en el proceso. 

  • Las personas cristianas hacemos todo delante del Señor, para su honra y con su ayuda; escribir no es la excepción. Dicho en otras palabras, el texto que escribí finalmente vio la luz porque Dios me dio fuerzas en el camino. En el transcurso del proceso tuve un cambio de trabajo –lo que me sometió a un período de tensión realmente duro- y hasta tuve un choque automovilístico un día de camino a una de las entrevistas a don Juan. Le pedí fuerzas al Señor, y créanme que solo El pudo dármelas. Su apoyo también estuvo presente en la forma tan solidaria y comprometida con que don Juan Stam y su esposa, doña Doris, se vincularon con el trabajo.
  • Siempre hace falta una revisión externa, y en un caso como este el ojo del mismo entrevistado es indispensable. Esto me costó entenderlo, porque los periodistas no mostramos los textos a nuestras fuentes. Al final entendí que este era un escenario diferente y sin duda alguna el ojo de los Stam ayudó a producir un texto de mejor calidad.
  • Siempre me he sentido llamada a la excelencia al escribir, y en este caso lo sentí aún más. La forma en que don Juan y doña Doris me abrieron su casa, corazón, correo electrónico y teléfono, no podría generar otra respuesta que no fuera la búsqueda de la excelencia.
  • Aunque escribir es un acto que se concreta en solitario, mi incipiente carrera de escritora no se puede concebir sin el apoyo de mi familia. Me esposo se recargó su parte de la tarea doméstica para que yo pudiera dedicar tiempo a este proyecto y mis hijos se privaron de mí durante algunas horas de fin de semana.
  • Escribir es un privilegio y una responsabilidad. La palabra escrita recorre territorios que no imaginaríamos y cruza fronteras que nos sorprenderían. Me encantó ganar, fue un gran estímulo. Sin embargo, el premio más importante fue saber que la historia de los Stam quedó impresa y no permanecerá en la nebulosa de los tiempos como la de tanta otra gente fiel al Señor.

Los Stam me dejaron una gran enseñanza con su vida: hay que ser consecuente con lo que uno cree. Ahora que lo pienso, creo que por eso no renuncio a escribir –a pesar del poco tiempo, de mis carencias de aprendiz y de la lentitud para lograr un resultado aceptable-. Persisto porque estoy convencida de que este el llamado que el Señor me ha hecho y que esa es la responsabilidad que me toca dentro de su cuerpo.

Ya casi es 30 de noviembre ¡Animo, escritores!

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2 Respuestas a “Cosecha de palabras… y de vida

  1. Karoll Chinchilla

    😉 Gracias por el ánimo Mauren, aquí muchos estamos a la expectativa y tu experiencia me alegro el día!! Bendiciones

  2. Hola Karol, ¡Qué emoción encontrar tu comentario! Adelante amiga, el desafío es grande pero no hay que desistir. Un gran abrazo hasta aquellas tierras de sol.

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